sábado, 19 de febrero de 2011

El hombre que venció a Rommel

Aficicionado como soy a la historia, si tuviese que quedarme con un personaje de la SGM  este seria Montgomery. No es que sea fan de lo militar, al contrario, pero Montgomery es para mi la imagen del heroe de las SGM que todos tenemos en el subconsciente colectivo.
“Monty”, como cariñosamente le llamaban,  iba de aquí para allá en el desierto en un jeep, pronunciando palabras de ánimo entre las filas, vestido con un suéter y unos pantalones arrugados, y luciendo su famosa boina negra.

Era accesible y humano, como él decía: “ No solo el amo, sino también la mascota”. Desde muy joven le había parecido muy mal ciertas cosas del ejercito, entre ellas que los generales mas aguerridos fuesen los que menos respetan la vida humana. Y es que Montgomey era diferente.
Era un hombre tremendamente austero, de autodisciplina férrea y solitario.  Tuvo una infancia llena de maltratos, que le marcó profundamente, al igual que la muerte de su esposa.  Eso le llevó a dedicarse por completo a la excelencia en su profesión.
Su gran oportunidad en el desierto le llegó en 1942, cuando fue enviado a Egipto para mandar el Octavo Ejercito, al que pertenecía la 7º división blindada, las ratas del desierto.
Notó al llegar que era muy baja la moral de los hombres que sostenían la posición de El Alamein, a la que habían sido empujados tras una retirada de 950 Km, por el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel. Monty tenia clara la solución, aquellos hombres necesitaban  recuperar la confianza.
Pronto se ganó el afecto de los hombres. Sentía verdadero interés por el bienestar de sus tropas. Preguntó a un soldado que era lo más importe para él, el  soldado respondió que el fusil. Montgomery le corrigió : "Tu vida, muchacho". A ello se sumaba su sentido del humor: al enterarse que los tripulantes de un carro de combate  tenían en él, a una gallina llamada  Emma, que fielmente ponía un huevo cada día, la ascendió a sargento mayor.
En Inglaterra Churchill ardía en deseos de entrar en acción, pero Montgomery se  negaba hasta no disponer de la suficiente artillerías y de las tropas necesarias,  para garantizar la victoria.  A las diez menos veinte de la noche del 23 de octubre de 1942, una barrera de fuego de mas de mil cañones azotó las posiciones del enemigo, les seguían 1,200 carros de combate y siete divisiones. En doce días habían ganado la batalla de El Alamein.
Tras el golpe definitivo del 12 de mayo 1943 que ponía fin a la guerra de África. Montgomery regresó a Inglaterra. Allí recibió el honor de ser nombrado caballero por Jorge VI.  Tiempo después a bordo del tren Rapier, se dedicó a inspeccionar las tropas que iban a desembarcar en  Normandía. Durante tres meses, Montgomery encabezó las fuerzas a través de Normandía, que expulsaron a los alemanes de Francia. Sintió una profunda decepción al tener que ceder el mando a Einsenhower en Paris. El 4 de mayo de 1945, en el páramo de Luneburgo cerca de Hamburgo, Montgomery aceptaba  la rendición alemana.
Al año siguiente fue nombrado Jefe del Estado Mayor y tenia ya el titulo de vizconde.  Trabajó para las fuerzas de la OTAN, y finalmente en 1958 se retiró, a la edad de 71 años.
Se convirtió en escritor y conferenciante. Viajó incansablemente: Rusia, India, América Central, Egipto, China y Canadá. Volvió seis veces a África.  Una vez visitando los antiguos campos del norte, recorrió el cementerio de El Alamein,  le preguntaron si quería visitar las tumbas de los soldados alemanes e italianos, a lo que él respondió: “He matado bastante gente, como para que más tumbas me recuerden lo que he hecho”.
Marcado por el recuerdo de una terrible guerra se retiró a su casa de campo, dedicándose a escribir sus memorias. Un niño le escribió: “ Muy señor mío, creía que había muerto, pero mi padre me dijo que aún vivía, pero pronto morirá. Le ruego que me envíe rápidamente su autógrafo. Montgomery le respondió: “ creo que fue sensato tu enfoque del problema”.
Dejó bien claro que no quería ser enterrado en ningún mausoleo de Londres. En marzo de 1976 moría y era sepultado bajo un gran árbol de tejo, en el tranquilo cementerio de la iglesia de Binsted.




miércoles, 2 de febrero de 2011

Las dos lecturas de la Eneida

La primera vez que leí la Ilíada pensé que jamás podría contemplar una obra tan sumamente hermosa, rebosante de tanta fuerza y espiritualidad. Aquellas luchas que se enmarcaban entre la tragedia y el heroísmo marcaron un antes y un después en mí.
Esta misma sensación evocadora y casi mágica la sentí cuando tiempo después cayó entre mis manos la Eneida de Virgilio. Esta obra que en un principio tomé sin mayor propósito que el de leerla sin más, pronto se convertiría en una de las obras de referencia para mí por su majestuosidad y elegancia. Realmente la Eneida es una pieza compleja, pues es difícil llegar a ver en una primera lectura las verdaderas intenciones de Virgilio.
Para su composición Virgilio tuvo muy presente a Homero y su Ilíada pero también la Odisea, siendo estas dos obras el germen vertebrador de su Eneida. Sin embargo el proyecto de Virgilio era muy ambicioso, tanto, que le llevó su composición los últimos diez años de vida.
La Eneida nació como un encargo de  Mecenas y del propio Augusto, que tras regresar a Roma en el año 29 a. C después de la anexión de Egipto el año anterior, necesitaba enaltecer aún más su  figura. Para ello contaba con la amistad de los autores más importantes de la literatura latina del momento que pondrían sus obras al servicio de la política propagandística del emperador.  
Virgilio aceptó el reto de crear una obra que perdurara en el tiempo y que fuera el emblema de un nuevo periodo y un nuevo régimen.
Virgilio construye su historia a través del mito de Eneas que sirve de base, y a esto le añade su inventiva propia, la historia pasada y la contemporánea de Roma y unos personajes de un fuerte carácter filosófico. Así Virgilio crea un Eneas nuevo, puliendo el mito, desechando las partes menos convenientes o incluso su muerte final. Virgilio busca que su Eneas se identifique con Augusto, y para ello el héroe se convierte  en un verdadero “pater” que toma el relevo de su padre cuando este muere, siguiendo así la tradición romana del “mos maiorum”.
El Eneas de Virgilio es un héroe moderno alejado del prototipo de héroe homérico, es un héroe perfecto, caracterizado por ser justo y clemente. Dos cualidades que Virgilio quiere vincular con Augusto, pues él gobierna Roma de manera justa, ayudando al oprimido, castigando al soberbio y luchando en guerras cuyo único fin es la instauración de la  justicia.
Eneas es piadoso como Augusto, antepone el beneficio colectivo al suyo propio, esto se observa cuando debe abandonar a Dido para cumplir con su deber. No es un héroe que se deje dominar por los impulsos, pues antepone su misión a su propia vida. Es un líder nato que lleva a su pueblo con él, sufriendo por el camino pero no rindiéndose jamás.
El carácter político de la obra se acentúa cuando se le muestra a Eneas el futuro de Roma; su esplendor, su gloria, los personajes que marcarán su futuro y por último la victoria de Accio, batalla crucial para establecer el comienzo definitivo del nuevo régimen.
Se dice que Virgilio pidió al propio Augusto y a dos amigos suyos que destruyeran la obra algo a lo que se negaron en rotundo.

Quizás mirada la Eneida desde una perspectiva actual, podría recriminarse a Virgilio el haber compuesto una obra cuyos trasfondos políticos son más fuertes que la propia historia. Incluso podría resultarnos algo poco políticamente correcto que la obra épica más importante de la literatura romana tuviera un claro mensaje propagandístico de un régimen que tuvo sus luces y también sus sombras.
Aún así,  yo creo que la grandiosidad de la Eneida reside precisamente en este hecho, pues quizás si se hubiera hecho esta magna obra con un puro fin literario, ésta hubiera quedado relegada en la historia, a la sombra de la Iliada y la Odisea.
Me consideró un defensor de la Eneida, pues creo que el simple ejercicio de leer entre sus líneas para encontrar su verdadera esencia es un reto que cualquier amante de la lectura siempre considera de su gusto. Además  gracias a ella pude a acercarme a la fisonomía de un Imperio que es parte de nuestra historia colectiva.

Por eso siempre recomiendo su lectura, pues es una obra maravillosa.

Virgilio- Imagen de Wikipedia