He empezado a hacer la maleta con los libros para el verano y me llevo este clásico de Emil Ludwig. Personalmente creo que es el mejor biógrafo del siglo veinte. Supo transformar la biografía desde una mera recopilación de datos a un retrato íntimo de la persona. Por esta razón en Napoleón, se presta una menor atención a las campañas y a las batallas.
Emil Ludwig nos retrata al héroe revolucionario y republicano. Al joven Prometeo del XIX. El mismo héroe que admiraba Beethoven, y que nos lo presenta en las tres notas del inicio de su sinfonía Eroica en mi bemol. El gran líder, el aglutinador de sinergias, el magnético y el conquistador.
Sin embargo también se muestra el otro lado, del personaje. El de un narcisista patológico: déspota, megalómano, reaccionario, destructivo, despiadado y que considera a los demás como un mero medio para sus objetivos. Y que se culmina con su auto proclamación como emperador. Esto es el inicio de su fin y de su autodestrucción. La misma gente que lo había idolatrado lo repudia. El héroe moderno, la esperanza de Europa, pasa a ser un vulgar tirano más. Esto que también reflejo Beethoven con desilusión e ira en la misma sinfonía Eroica.
Lo mismo que le ocurrió a Alejandro Magno. Y es que todos hemos sido testigo de estos comportamientos. El ídolo al que admiras, que cuando le conoces su totalidad se cae pedestal en el que le pusimos. Y es que esto nos ha pasado a todos, en la eterna búsqueda de referentes que tenemos. ¿o no?
Como diría Beethoven: “para celebrar el recuerdo de un gran hombre”.