La primera vez que leí la Ilíada pensé que jamás podría contemplar una obra tan sumamente hermosa, rebosante de tanta fuerza y espiritualidad. Aquellas luchas que se enmarcaban entre la tragedia y el heroísmo marcaron un antes y un después en mí.
Esta misma sensación evocadora y casi mágica la sentí cuando tiempo después cayó entre mis manos la Eneida de Virgilio. Esta obra que en un principio tomé sin mayor propósito que el de leerla sin más, pronto se convertiría en una de las obras de referencia para mí por su majestuosidad y elegancia. Realmente la Eneida es una pieza compleja, pues es difícil llegar a ver en una primera lectura las verdaderas intenciones de Virgilio.
Para su composición Virgilio tuvo muy presente a Homero y su Ilíada pero también la Odisea, siendo estas dos obras el germen vertebrador de su Eneida. Sin embargo el proyecto de Virgilio era muy ambicioso, tanto, que le llevó su composición los últimos diez años de vida.
La Eneida nació como un encargo de Mecenas y del propio Augusto, que tras regresar a Roma en el año 29 a. C después de la anexión de Egipto el año anterior, necesitaba enaltecer aún más su figura. Para ello contaba con la amistad de los autores más importantes de la literatura latina del momento que pondrían sus obras al servicio de la política propagandística del emperador.
Virgilio aceptó el reto de crear una obra que perdurara en el tiempo y que fuera el emblema de un nuevo periodo y un nuevo régimen.
Virgilio construye su historia a través del mito de Eneas que sirve de base, y a esto le añade su inventiva propia, la historia pasada y la contemporánea de Roma y unos personajes de un fuerte carácter filosófico. Así Virgilio crea un Eneas nuevo, puliendo el mito, desechando las partes menos convenientes o incluso su muerte final. Virgilio busca que su Eneas se identifique con Augusto, y para ello el héroe se convierte en un verdadero “pater” que toma el relevo de su padre cuando este muere, siguiendo así la tradición romana del “mos maiorum”.
El Eneas de Virgilio es un héroe moderno alejado del prototipo de héroe homérico, es un héroe perfecto, caracterizado por ser justo y clemente. Dos cualidades que Virgilio quiere vincular con Augusto, pues él gobierna Roma de manera justa, ayudando al oprimido, castigando al soberbio y luchando en guerras cuyo único fin es la instauración de la justicia.
Eneas es piadoso como Augusto, antepone el beneficio colectivo al suyo propio, esto se observa cuando debe abandonar a Dido para cumplir con su deber. No es un héroe que se deje dominar por los impulsos, pues antepone su misión a su propia vida. Es un líder nato que lleva a su pueblo con él, sufriendo por el camino pero no rindiéndose jamás.
El carácter político de la obra se acentúa cuando se le muestra a Eneas el futuro de Roma; su esplendor, su gloria, los personajes que marcarán su futuro y por último la victoria de Accio, batalla crucial para establecer el comienzo definitivo del nuevo régimen.
Se dice que Virgilio pidió al propio Augusto y a dos amigos suyos que destruyeran la obra algo a lo que se negaron en rotundo.
Quizás mirada la Eneida desde una perspectiva actual, podría recriminarse a Virgilio el haber compuesto una obra cuyos trasfondos políticos son más fuertes que la propia historia. Incluso podría resultarnos algo poco políticamente correcto que la obra épica más importante de la literatura romana tuviera un claro mensaje propagandístico de un régimen que tuvo sus luces y también sus sombras.
Aún así, yo creo que la grandiosidad de la Eneida reside precisamente en este hecho, pues quizás si se hubiera hecho esta magna obra con un puro fin literario, ésta hubiera quedado relegada en la historia, a la sombra de la Iliada y la Odisea.
Me consideró un defensor de la Eneida, pues creo que el simple ejercicio de leer entre sus líneas para encontrar su verdadera esencia es un reto que cualquier amante de la lectura siempre considera de su gusto. Además gracias a ella pude a acercarme a la fisonomía de un Imperio que es parte de nuestra historia colectiva.
Virgilio- Imagen de Wikipedia
Un análisis muy interesante, Asdrúbal. A mí también me entusiasmó La Eneida; es impresionante hasta qué punto los clásicos siguen teniendo la capacidad de conmovernos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias Arturo por tu comentario. Me alegra saber que a ti también te gustan los clásicos.
ResponderEliminarUn abrazo.
La alegría es recíproca, Asdrúbal. Mi padre es profesor de latín y griego ya jubilado. Pasé mi adolescencia leyendo a Tito Livio, a Suetonio, a Homero, a Plutarco... Creo que nada de lo que he leído en mi vida me ha marcado más.
ResponderEliminarUn abrazo.
Yo siempre digo que no hay nada como pasar una tarde otoñal (o en este momento invernal)releyendo a nuestros viejos clásicos para enriquecernos un poquito más y viajar a otras épocas casi míticas.
ResponderEliminarUn abrazo Arturo, y una vez más, gracias por tus comentarios.